El PCE hace un llamamiento a la responsabilidad de
todo el bloque de izquierda y democrático de la investidura a favor de la
reforma laboral
La reforma laboral generaliza la contratación
indefinida, refuerza el poder sindical en la negociación colectiva y la
intervención pública.
Tras décadas de reformas laborales, especialmente la
última del PP en 2012, que reafirmaba un modelo laboral donde primaba el poder unilateral
de la patronal, precarizando las condiciones de trabajo de la clase obrera,
devaluando sus salarios y destruyendo masivamente millones de empleos, además
de debilitar a los sindicatos en la negociación colectiva y la capacidad de
intervención de las administraciones públicas, finalmente se aprobó la nueva
reforma laboral en el Consejo de Ministros del pasado 28 de diciembre, ya
publicada en el BOE, para que la clase obrera inicie un camino de recuperación
y avance en la conquista de sus derechos.
Esta nueva reforma laboral, sumada a las reformas del SEPE y la inspección de
trabajo, cuestiona las políticas empresariales y las sitúa como las causantes
de tanta precarización y dumping salarial, de prácticas
fraudulentas y abusos, poniendo el foco en las empresas y
aportando también los medios para combatir la alta precariedad laboral. Esta
reforma supone un avance importante para generalizar la contratación
indefinida frente a la enorme precariedad (que se ceba especialmente
en la mujer, la juventud y las personas migrantes), limitando la temporalidad,
la subcontratación y reforzando la inspección de trabajo para combatir al
fraude y defender el empleo de calidad, dando un mayor protagonismo a los
sindicatos en la negociación colectiva. Además, incorpora los ERTEs a la
legislación con las condiciones que se han instaurado en el escudo social por
la pandemia, como alternativa a los despidos colectivos.
Esta es una reforma que
reduce los tipos de contrato temporal a
dos (estructural y formativo), obligando a justificar los motivos de la
temporalidad de las empresas para disminuir la alta tasa de trabajo temporal.
La reforma laboral va a extender el
contrato indefinido como forma
ordinaria de contratación, además de introducir contratos como el fijo
discontinuo, o acotar y perseguir el fraude con la contratación temporal. De
esta forma se
merma el recurso de muchos empresarios, que utilizan la
temporalidad para atemorizar a los/as trabajadores/as con la no
renovación de sus contratos. Muestra así una clara oportunidad a amplios
sectores de trabajadores y trabajadoras, a perder el miedo frente al constante
chantaje contra sus empleos, para poder organizarse sindicalmente y reivindicar
sus derechos en mejores condiciones.
La
inclusión de los ERTE con las condiciones del escudo social y
como alternativa a los despidos, refuerza el papel de los sindicatos y la
administración pública a la hora de afrontar sus causas en la negociación
colectiva y salvaguardar el empleo, antes que asumir las consecuencias mediante
denuncias individuales por cantidades, tal y como ha quedado patente en esta
pandemia, al haberse salvado con este mecanismo más de 3,5 millones de puestos
de trabajo. La contratación indefinida, la prevalencia de los convenios de
sector y los ERTEs frente a los EREs, representan la anteposición de la vía
sindical, de lucha y negociación colectiva, antes que la denuncia individual o
la vía jurídica, irreversible en la inmensa mayoría de los casos, y la última
oportunidad para defenderse.
La
prevalencia del convenio sectorial en materia salarial
y
en las empresas subcontradas (que representan una parte
importante de las PYMES de este país), en la práctica va a significar la
generalización de la prevalencia de los convenios de ramo frente a los nefastos
convenios de empresa o multiservicios. La
recuperación de la
ultraactividad indefinida consolidará los derechos adquiridos durante
años y reforzará las posiciones del sindicalismo de clase frente a la
fragmentación e individualización actual, impuestos durante décadas por los
anteriores gobiernos neoliberales y por la patronal.
La derecha y ultraderecha están rabiosas y descolocadas ante el naufragio de su
estrategia desestabilizadora, dado que no se esperaban el acuerdo, y menos con
la firma de las patronales. La CEOE está muy dividida e incómoda por la firma
del acuerdo para la reforma laboral. Sus comunicados negando sus concesiones
son intentos de justificar su firma para tratar de aplacar la fuerte oposición
interna que hay en la Patronal (la agraria, la del automóvil, la madrileña y la
catalana están en contra de la firma). No están nada cómodos en un acuerdo que
les coloca como los responsables del fraude y la precariedad, que acrecienta el
control y la intervención pública de la contratación en las empresas y refuerza
el papel de los sindicatos.
Ahora queda el
trámite parlamentario para aprobar la ley, en el que
se pueden dar cambios para obtener los apoyos suficientes para aprobar la
reforma. Pero no caigamos en falsas expectativas, somos conscientes de que no
será fácil mantener el equilibrio entre el acuerdo social y los apoyos
parlamentarios dentro del bloque de investidura. Y una caída de la norma sería
una victoria de la patronal y la derecha y un duro golpe para la clase obrera.
Hacemos un
llamamiento a la responsabilidad de todo el bloque de
izquierda y democrático de la investidura, negociando para hacer prosperar
esta reforma laboral, sin dar argumentos para que nadie se descuelgue y la haga
fracasar. Quedan aspectos por avanzar, a los que no renunciamos y por los que
seguiremos peleando, pero ahora es esencial consolidar primero las victorias de
la nueva reforma.
Es fundamental aprovechar la
oportunidad de los PERTE y los
Presupuestos Generales del Estado, recientemente aprobados, para
cambiar
el actual modelo productivo basado en la precariedad y los bajos
salarios, por otro donde prime la alta tecnología y el valor añadido, la
investigación y el desarrollo, una potente industria autóctona y con
participación pública, que potencie los servicios públicos, los derechos
sociales y laborales, y que
genere empleos de calidad. Esta reforma
sienta las bases de unas relaciones laborales más equilibradas para poner a la
clase obrera y al movimiento sindical a la ofensiva, para seguir recuperando y
avanzando en derechos. Conquistarlos cuesta mucho, por eso hay que poner en
valor las victorias y no dejar pasar las oportunidades.
Para el PCE es imprescindible tener una visión estratégica y global, y
ser conscientes de las exigencias del momento histórico y la importancia de la
reforma laboral. Hay que recordar las diferentes medidas de forma conjunta y no
separadas, desde la importante subida del SMI durante estos años, a la mejora
de las pensiones, las leyes de igualdad y la Ley Rider, resaltar el reforzamiento
del SEPE (aumentando sus recursos, plantillas y control de las ofertas y
demandas de empleo) o el plan estratégico 2022-23 para la Inspección de Trabajo
que fue presentado en noviembre para su modernización con las nuevas
tecnologías, con más recursos y medios técnicos y humanos, así como más
capacidad interventora y sancionadora en la salud laboral, la igualdad y
también,
mayor capacidad para condicionar los despidos colectivos o
EREs y los ERTEs. Es un importante elemento que poner en la balanza, puesto
que la labor de Trabajo ha significado la detección y pase de más de 350 mil
contratos temporales fraudulentos a fijos en un año.
Los y las comunistas, en conjunto con el sindicalismo de clase y toda la
izquierda, debemos avanzarnos a los acontecimientos, siendo conscientes de que
la derecha, la patronal y otros sectores interesados van a maniobrar para
dinamitar la aprobación y subvertir la aplicación de la reforma. Debemos
utilizar
los avances que aparecen en la reforma laboral como herramientas para mejorar
las condiciones materiales de la clase obrera, fortalecer el sindicalismo
de clase en las empresas y sectores, aumentando la solidaridad, la organización
y la conciencia de clase. Es fundamental que, desde la acción concertada de los
y las comunistas, la izquierda, los sindicatos y la administración, hagamos que
estos avances sean conquistas tangibles en la vida de la clase trabajadora.